16/365 – Celulitis

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CELULITIS

Porque sí. ¡sí! La celulitis forma parte de mí y no me avergüenzo de ello.
Photoshop, diréis. Pero es que yo no gasto de eso… yo prefiero exponerme.
Porque lo que veis va a ser siempre lo que hay, le guste a quien le guste.
Porque mis cicatrices, mis estrías, mi celulitis y mis morados, al final, sólo explican cosas de mí y de lo fuerte que he sido en los 30 años que tengo. Fuerte por aguantar críticas innecesarias de una sociedad podrida que obliga a las mujeres a ser objetos, a sufrir encima de unos tacones, a ir maquilladas, depiladas, siempre con sujetador o sin escote, sin michelines, sin arrugas… ¿en serio?
Me avergüenzo de mi profesión si con los programas de edición solo ayudo a perpetuar eso; lo que las mujeres NO somos.
Pues sí amigos, así soy yo. Con mis chichas y mis blandeces, con mis fofeces y mis estrías. Con los morados en mis piernas, y sin sujetador.

Estoy harta de tonterías que no van con nosotras, que nos quieren torcer. Ya no más.

Y a qué viene esto, pensaréis. Pues viene porque hoy en la «publicidad sugerida» no dejan de salirme cremas milagrosas antiarrugas, aparatos para reducir la celulitis y las estrías… ¿Eso cree facebook? ¿Es eso lo que me hace falta a los 30?

Pues bien, facebook, quiero que sepas que me paso por el forro todo eso.
Y ¿quieres saber la razón? Pues es muy clara y muy sencilla: porque asumo la edad que tengo, cada cicatriz, cada arruga, cada grano. Porque, a diferencia de la mayoría de personas de esta sociedad, no vivo de ver lo mal que está el de al lado, ni de criticar a aquella porque no lleva un vestido nuevo en la fiesta, o porque no se ha depilado el bigote.
Pues bueno ¿no es suyo? ¿no es su vida y su cuerpo? ¡¡Pues que haga lo que quiera!! ¿Quienes son los demás para juzgar?
Pero claro, en una sociedad tan hipócrita en la que no nos queremos preocupar de resolver nuestra mierda interior… es mejor echar mierda fuera e intentar frustrar a los otros para no sentirte tan mal por estar tú en esta situación… ¿verdad?
Cada uno es como es, y cada uno decide qué hacer con su tiempo, con su vida, tiene sus prioridades. Eso no nos hace mejores ni peores… solo diferentes (por suerte…).

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